lunes 16 de mayo de 2011

De estar y de quedarse

Viví en la misma casa más de veinte años. Me mudé, viví fuera del país, volví. Me quedé; me mudé a un apartamento. Dejé por siempre mi casa de la infancia.

Quienes la compraron la van a derrumbar y van a hacer un edificio. Mi casa de estilo inglés, mi casa marrón con blanco, con jardín, mi casa de rejas blancas, mi casa, mi casa de dos portones. Mi casa tenía más de quince espacios habitables, dos cocinas, muchos baños, muchos patios, y yo solía andar en triciclo por ambos pisos y rayar el piso de madera. Por el ruido de las tablas uno sabía cuándo quien llegaba era papá o mamá: el peso de los pies, el tiempo que se demoraban en levantar un pie y poner el otro; el sonido de las llaves en la puerta de madera, el carraspeo de mi papá, la queja de cansancio de mi mamá exhalada a mitad de la escalera.  Los días subsiguientes a la muerte de papá yo todavía oía crujir el piso de madera, tipo ocho de la mañana, la hora en la que se alistaba para irse a la universidad a dar clases. Y a mediodía sentía el ruido de las escaleras. Luego me acostumbré a que ya no estuviera. Mi hermano, el pianista, tenía su instrumento en una sala sin muebles en el primer piso. Todo el día había música, y llegaban músicos a tocar a la casa. El trombonista, el flautista, los cantantes. Todos se sentaban a la mesa.

Mi casa, mi casa va a ser un edificio de cinco pisos de mal gusto.

A esta casa también le tengo afecto, amo este pequeño apartamento: al edredón rojo de la cama, al olor a madera de los estantes de los libros; a los gatos que duermen en los rincones. Al sonido de las teclas de los compus trabajando todo el día. A pararme y cocinarte algo rico para el almuerzo. A ver pelis juntas, o a leerte en voz alta. A ir a comprarte libros para niños, y que me mires alborozada porque sabes que vas a llevar el que más te gusta. Porque ésta es la vida que quiero, la que merezco, la que construyo todos los días con mis rabietas del trabajo. Y ésta es la casa que quiero para mí.

5 comentarios:

Emi_Sur dijo...

T: "Mi casa, mi casa va a ser un edificio de cinco pisos de mal gusto." Por DIOS!!! me mato esta frase, la pienso con aquellas casas que no son mi casa porque no he vivido en ellas, pero que lo son porque las veo al caminar por bs as....odio el boom inmobiliario, con diseño sin estilo, con puro acero y vidrio....

demàs esta decir, que el ritmo y el color de sus palabras es una infancia...


Saludos encantados, como siempre

W. Von Dunajev dijo...

Me gustó este post, parece una pequeña novela y qué lindo que pueda proyectar eso que añora en construir lo que desea :). Quizá cambiar la multiplicidad de habitaciones y de músicos por el sonido leve de su sonrisa al mirarla...
El buen gusto ha hecho las valijas con ud, así que no se preocupe ;)

BO dijo...

¿Sabes, T? cada sitio en el que vivas será especial porque tú lo eres. Saludos desde este lado.

Veronica dijo...

Presentemos un recurso de amparo, por la supervivencia de los pisos de madera, el olor a horazca y el eco del trombón.
Podemos resistir al derrumbe habitando otros espacios.

Saludos mi querida, me alegra saber que tiene gatos en su nueva casa.

T. dijo...

Emi: Gracias por los halagos. Me quedé pensando en lo del ritmo y la infancia, y tal vez sí, tal vez esa sea la única manera de volver. Reciba usted un abrazo enorme.

W V. D: Esperemos que sí se haya mudado conmigo. El otro día E. me preguntaba por qué yo recordaba tanto, y encuentro el recuerdo un poco incontrolabe; me gusta recordar porque me gusta pensar en lo que he vivido: es decir, me gusta lo que he vivido, y me gustan los espacios que he habitado. También sé que desde que vivimos juntas en este apartamento hay más luz y más sonido :D
Un abrazo.

Verónica: ¡Son tres! Había uno acá, luego yo quería uno como para mí, y luego apareció un grandulón que no pudimos dejar sin casa. Viven felices en los tejados y medio se comportan como perros. Un placer volverla a ver por estas tierras.