La culpa la tiene, sin duda, esa amiga argentina que me mandó un paquetico con libros como regalo de navidad; ella y Arturo Carrera; o, más bien, ella, Arturo Carrera y mi novia.
Llego por la tarde al hogar; E. ve "Eat, Pray, Love" con cara de desengaño. Como está muy concentrada, me siento a leer uno de los libros del paquete. Se llama "Noche y día", y es, cómo no, de Arturo Carrera. Llevo tres días absolutamente sorprendida con el libro, con la extraña sensación -que no tenía hacía mucho tiempo- de que algo que estuviera leyendo me estuviera hablando a mí, en presente, a mi vida, a lo que estoy viviendo. Abro el libro, me acomodo, y algunas coincidencias empiezan a pasar. La primera parte del libro se llama "Carpe noctem": piensa mínimamente en la noche"; las otras son "Carpe díem" (íbidem pero con "día") y "Día y noche". Yo, que apenas voy empezando, estoy en las divagaciones autobiográficas nocturnas de Carrera. Todos los poemas de esa sección se llaman igual: Carpe noctem. Leía que Carrera decía:
Pusiste música
arias de un señor llamado Erik Satie
no escritas nunca pero
memorizadas de pronto: la infancia.
Y aplastados por la muela del Amor;
¿pues qué sería si vos fueras sólo una criatura
y no el túmulo que de noche escondes
secretas penas en secretas canciones?
Mientras, tanto, sin quererlo, en el otro cuarto E. había puesto la primera Gnosienne de Satie. Mi hermano es pianista, y como todo pianista, tocó, cuando era jovencito, las Gnosiennes. Yo, que estoy hoy de un inusual bobalicón ultraepifánico, vi un torpe mensaje en todo esto. Una coincidencia que anuncia algo que no entiendo.
Pero lo dejé así y me quedé dormida.
Hace unos días recordé que quiero tomarle fotos a los pájaros y que hace poco vi que en algún lugar a las afueras de Bogotá dan un curso de dos fines de semana, mitad de avistamiento de aves, mitad de fotografía de aves. Cuando yo era chiquita quería ser ornitóloga (no quería ser profesora ni bombero, ni nada de eso, no, quería ser ornitóloga); tengo una pequeña guía de aves de la Patagonia pegada al frente de mi escritorio. Cuando desperté, seguí leyendo y me encontré con esto:
[...]
[Puso] una caja con señuelos o silbatos para atraer a los
pájaros. En letras goldoni se leía: OISEAUX.
La caja estaba dividida en seis compartimientos en cuyo
fondo unas etiquetas amarillas exhibían el dibujo a tinta
del pájaro y su nombre. Por ejemplo: Rossigno philomele
(Luscinia megarhynchos) y abajo encolumnados los nombres
Nightingale
Nachtingall
Nachtengaal
Rusignolo
Ruiseñor común
De nuevo pensé que era una epifanía y, de nuevo, me volví a quedar dormida. "Nunca he visto un ruiseñor", alcancé a decir, mientras dejaba el libro de Carrera a un lado de la hamaca. Sin embargo, ahora un poco más despierta, creo que algo tendrá que estar detrás de todo esto; espero algo, así sea bobo y epifánico.
domingo 23 de enero de 2011
De las extrañas coincidencias de mi nuevo hogar
Puse este post en my goofy life, pseudocrónicas
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

6 comentarios:
Coincidencias. ¿Cómo está ud?
Vero: la vida no me maltrata todos los días, querida. Disfruto de los días de sol bogotano. Y usted, ¿cómo va? Le mando mil abrazos.
Quizá todo sea un auspicium ... ;)
Qué lindo lo de "carpe noctem", acaso las epifanías que le susurra la noche y ud espera ya han ocurrido, quiero decir, lo que esperaba parece haber llegado y tal vez se le revele en pequeñas sorpresas cotidianas.
Besos y me alegra que el sol bogotano le sonría!
W. V D.: ¡pero qué alegría verla por acá! Tal vez tenga razón. Verá: ese último poema de Carrera tiene, además, mi nombre en su título. Una coincidencia más que se me había olvidado decir por acá. Qué locura.
Es hermosa la forma en que muchas veces los libros nos acompañan en las cosas que nos van ocurriendo (exista o no un mensaje subyacente, eso ya lo dejamos a nuestra elección...)
Acuarela: sí, es muy curioso cómo los libros lo enfrentan a uno con uno mismo, con eso que desconoce, con lo que no quiere saber. Cómo uno se puede leer en los buenos libros.
Publicar un comentario