Para Andrés Felipe Solano
Mujeres desnudas en el fondo de una mina,
anhelantes,
mirando hacia arriba,
acariciándose,
Mujeres atentas al sonido del triángulo que anuncia la cena.
Mujeres parlanchinas
sin corazón ni riñones.
Solo nariz, solo tímpano sus deseos.
Solo aljófar sus lenguas.
Amantes cenicientas,
calladas amigas que adoran la luz.
Así las que antes amé.
Juan Felipe Robledo (El don de la renuncia)
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