Estaba pensando que hay mil maneras de bucear las profundidades del ser. Y mil maneras cursis de decir que uno, ser amado y amante, sondea por las profundidades del alma de su ser amado, de su objeto de deseo. Habrá unas más cercanas a la novela rosa que otras, y quizás sean esas las que escondan un misterio más tentador que las que están protegidas gracias a los artificios de la academia (y el psicoanálisis). Que si hay volver a la infancia, que si hay que trabajar los hechos en función de su practicidad, que si hay que anotar los dolores y los pensamientos rápidos en un pequeño diario. Que, además, en los dibujitos y los recortes que uno hace está el fondo del alma. Me quedo pensando en “el fondo”, porque todo, sí tiene un fondo (la pantalla del compu, mi maleta, mi cavidad torácica). Y el fondo y la forma; y la forma que es fondo; y que, en realidad no existe lo uno sin lo otro; o que no existe ninguno, y se acaba el problema. Además de ese cliché me quedo pensando en esa idea de que los ojos son la ventana del alma, donde el alma es lo profundo. Los ojos tienen algo oscuro, algo que remite a la profundidad, al pozo. Sigo en lo oscuro del lugar común sin posiblidades de salir de allí. Y los ojos no tienen huecos, y más bien absorben y reflejan en igual cantidad. Y más que “pozo” y “abismo” lo que hay es un montón de tendones y nervios en los que probablemente no pensamos porque nos resulta desagradable.
Sin embargo, en los ojos, en los tuyos, puedo sentir y concluir miles de cosas. Si el clima está frío o caliente, si el sol entibia tu piel y tu rostro. Con sólo verlos podría adivinar más o menos los colores de la ropa que usas. Tus ojos cambian todo el tiempo, y en esas chispas verdes y amarillas se cifran tus deseos y tus miedos. Tus ojos son profundos, sí, como los de todos, pero resulta que yo puedo leer los tuyos, no los de los demás. Y si me consideraba una persona poco perceptiva contigo me he dado cuenta de lo contrario; hay que mirar, hay que mirarte a los ojos. Así sé, más que cuando te escucho, si estás o no. A veces es como si no pudieran fijarse, e, incluso, perdieran algo de su capacidad de reflejo; son, también, más verdes. Es como si me miraras, pero no; como si estuvieras más allá de tus ojos, más allá de mí y de las contingencias de una Bogotá llena de charcos, húmeda y nublada. Entonces, tus ojos se fijan en algo que no son ni mis ojos ni mis deseos, y es como si tuviera que buscarte, y no justamente "salir" a buscarte. Me quedo a tu lado, por eso te tomo de la mano y espero contigo, en silencio, y te beso la frente. Por eso pasan carros y personas allá abajo, de ese lado de la ventana y yo escojo permanecer contigo; por eso estoy de este lado de la línea. Te busco con el amor de meses y proyectos, con el amor florecido de la mesa que ahora sí se usa para comer. Con el amor de las cosas revueltas de las dos y los libros que te llevo tan pronto salen en cajitas de la imprenta. Con tu olor en mi ropa y en mi cuerpo (no nos vamos a decir mentiras, siempre huelo a ti). Con el amor de tus consejos de las dos de la mañana y tu plan para volverme una persona ordenada. Te busco. Te busco en la tibieza de los gatos, hechos un ovillo, en toda la mitad de la cama.
Te busco y ahí estás, en el brillo de tus ojos. Volviste.
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3 comentarios:
que preciosidad¡¡¡¡ Mi ex pareja me decia que adivinaba mis épocas menos buenas porque los ojos me cambiaban de color...y también se quedaba ahi cerquita hasta que me encontraba y me traía de vuelta. Gracias por recordámelo.
Exitus: vea pues tan curioso. Las ojicambiantes podrían hacer un club. Ya conozco cuatro. :D
Un abrazo para usted.
Estimada T.
Si no fuera porque estoy en Baires y usted en Bogotá, diría que me ha robado a mi novia...
Un abrazo y un placer leerla siempre.
A.H.
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